Es una película que me impresionó tremendamente cuando era joven. Supongo que ya debía haber cumplido los dieciocho porque, en aquella época, las cosas eran muy diferentes a la actualidad en cuanto a la censura, y no era fácil saltarse los filtros de las taquillas. De ahí que recuerde con cariño y añoranza mezclados aquella época en la que despertaba a un mundo desconocido de historias entre reales e imaginarias, tanto a través del cine como de la literatura.
Novelas como "El lobo estepario", "Demian" o "Siddharta", de Herman Hesse, o películas como "Lenny", "El hombre elefante", "Quadrophenia" o "Johnny cogió su fusil", devinieron todas ellas pequeños hitos en mi crecimiento, tanto intelectual como emocional. Eran visiones diferentes a las que mi corta experiencia me permitía acceder, si no era a través de otros ojos, de otras mentes.
Quizás, también la sociedad en la que crecía (corría el año 1977 cuando mi mayoría de edad) estaba a su vez creciendo conmigo, en la conquista de determinadas libertades y nuevas posibilidades, nunca antes imaginadas. No sé si es fruto de mi imaginación, si me dejo llevar por una recreación personal de nuestra historia reciente, o si era realmente como lo estoy narrando. Eran épocas del cine de arte y ensayo, de salas incómodas donde las palomitas y los nachos aún no habían robado el protagonismo al verdadero arte.
Muchas de aquellas historias quedaron atrás, aunque guardaron un recuerdo firme y especial en mi cabeza y en mi corazón. Las novelas (esas tres, y muchas más) me siguen acompañando en las estanterías de la biblioteca de casa, pero en el caso de las películas no había tenido esa misma oportunidad. Los libros los leí una vez comprados, pero entonces no podía llevarme el cine a casa. Ahora, sí se puede. Cualquiera puede encontrar casi de todo en cualquier establecimiento dedicado al ocio cultural.
Pero, francamente, no esperaba encontrarme ayer, de repente, con la posibilidad de adquirir el DVD con la película de Dalton Trumbo. No me lo pensé dos veces, y fui decidido a por ella. Contento como un niño con zapatos nuevos (eso se decía antes, ahora los zapatos nuevos ya no son motivo de regocijo para casi ningún niño, a no ser que sea alguna zapatilla de la marca soñada), me vine para casa con mi botín, con la idea de disfrutar de él en un momento especial de los siguientes días.
Pero, ahora... Ahora, la verdad, me da respeto reencontrarme con la película, con una película que no ha cambiado en nada en los últimos 31 años, mientras que yo sí he cambiado, al menos un poco. Y no sé cómo me voy a sentir cuando me enfrente de nuevo a ella. Es como haber pasado todo ese tiempo recordando a un antiguo amor y tener la oportunidad de reencontrarte con esa persona. Con todo, pasar por ello me ayudará a colocar las cosas en su sitio: a lo mejor no es una gran película porque yo la recordara así, sino en sí misma.
Las grandes cosas, como las grandes personas, lo son en sí mismas; tan sólo hay que descubrirlas...