Miguel's profileSimplemente un hombreBlogListsNetworkMore ![]() | Help |
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Simplemente un hombreBartok's page - Sentimientos, inseguridades y contradicciones de simplemente un hombre... 6/15/2009 Huyendo de la quemaNos vamos. Ya lo tenemos organizado. Huímos de la quema, de la música estruendosa, de los ruidos de tracas y petardos desde primera hora de la tarde hasta casi las primeras luces del día siguiente; de los gritos intempestivos de la juventud desbocada que piensan que, como ellos están despiertos, el resto de la humanidad está como ellos en vela.
Nos vamos fuera la verbena de San Juan. A un rincón-refugio anti petardos. A un lugar en el que no se pueden hacer hogueras. A un sitio en el que -al parecer- se resguardan otras gentes que, como nosotros, no son amantes de toda esa parafernalia. Porque haberlos, haylos. Imagino que hasta podríamos formar un grupo en Facebook del tipo "Yo también odio la fiesta de San Juan". No sé cuánta gente puede haber que tenga ese mismo sentimiento, pero seguro que coincidiremos con más de uno en el lugar donde vamos.
Nos vamos a pasar la noche a la Vall de Núria. Un lugar especial para nosotros, que nos gusta visitar cada cierto tiempo, a veces para un fin de semana, a veces para una estancia de vacaciones. Un lugar, también, que tiene para mí un significado especial puesto que prácticamente cada primer sábado de julio, y este año no será excepción, me encuentro con cerca de seiscientos marchadores como yo dispuestos a recorrer los casi cien kilómetros que nos separan de Berga, en la prueba más dura y atractiva del calendario de marchas de resistencia.
Nos vamos, en cualquier caso, a hacer de esa noche una noche también especial, pero a nuestra manera. Con nuestra pequeña fiesta íntima de cuatro, con nuestras dos hijas, con la música que nos/les gusta, con nuestros pequeños caprichos gastronómicos (que no son nada del otro mundo, pero que nos satisfacen especialmente) y con las ganas de disfrutar de todo eso en un entorno idílico de tranquilidad y sosiego. Y, si da para más, poder pasear al día siguiente por los alrededores con las fuerzas renovadas que te dan la montaña y una noche de buen descanso, en vez de sentir que vas a perder el día por la necesidad de haber estado durmiendo hasta bien entrada la mañana y con la mala leche del recuerdo de los sucesos de la noche anterior.
¿Alguien se viene?
6/2/2009 Keep on rockingNo. No fue un concierto más. Al menos, para mí. Recuerdo mis días de radio, cuando tuve la osadía y la imaginación para montar un programa en el que simulaba haberme trasladado en el tiempo para asistir a una de sus actuaciones en directo, en compañía de aquellos otros tres aventureros de la música. No podía imaginar que, tantos años después, aquella fantasía pudiera convertirse en realidad.
No creo que fuera un concierto más para aquellos millares de personas que se congregaron el sábado pasado en Barcelona para formar parte, en una comunión casi espiritual, del gran acontecimiento. Gentes de todas las edades, desde jovencitos imberbes hasta espectadores de pelo cano y ralo, entrados en arrugas y experiencias. Tampoco creo que lo fuera para él. Después de tantos años sin pisar nuestra ciudad. Un artista como él, que ha recorrido todo el mundo con sus canciones y sus viejos instrumentos, que ha reunido todo tipo de públicos a lo largo de su dilatada carrera, tenía necesariamente que sentir el calor con el que estaba siendo recibido desde su aparición en escena. El Fórum se paró. El Primavera Sound se detuvo. El mundo entero pareció contener la respiración en ese preciso momento. Y es que Neil Young era esperado como una especie de mesías musical, con sus fieles seguidores apostados a sus pies dispuestos a escuchar de nuevo, pero esta vez en directo, sus palabras sabias, sus mensajes reveladores, su música imperecedera. Rock and roll can never die... Y es que su sola presencia sobre el escenario impone. Habituados a las relativas imposturas de las puestas en escena acostumbradas, a los fastos y efectos especiales de tantos y tantos artistas, todo lo que le rodea es de verdad. De carne y hueso. Humano. Sin ningún tipo de apostura. Tejanos gastados y camisa blanca, arrugada al poco de tanto cambiar sus guitarras. Los restos avejentados de la antaño rebelde melena se movían sin complejos, a ratos mecidos por la brisa veraniega de una noche perfecta, a ratos sacudidos por la potencia y la rabia aparentemente intactas de su dueño. Y su voz... Esa voz tantas veces escuchada, en tantas y tantas canciones, a lo largo de tantos y tantos discos que forman parte de ese particular tesoro musical que me ha acompañado durante todos estos años. Pero no es sólo su voz, no es sólo su música, no son sólo sus mensajes, los mensajes de un hombre sabio, de un hombre auténtico. Old man look at my life... Es, sobre todo, su capacidad para comunicar sus vivencias, para transmitir con sus canciones a todos y cada uno de nosotros esas palabras perfectas que cada uno quería, necesitaba, escuchar. Y cada uno de nosotros, de todos los que estábamos allí, escuchamos, atesoramos, aprehendimos esas palabras, devolviéndolas al aire en un eco atronador, rugiente, coreando el mensaje de aquel hombre viejo. En una comunión casi espiritual... 2/21/2009 Tenemos un "Set"En Esparreguera, mi población, tradicionalmente todos los números de teléfono habían comenzado por tres sietes. El crecimiento demográfico y la demanda de nuevas lineas telefónicas provocó finalmente que otros números de la localidad comenzaran de forma diferente. Pero, cuando en 1990 surgió una revista de información local hecha por gente del pueblo, tuvieron a bien llamarla "777 Comunica". Desde entonces, puntualmente ha venido ejerciendo su función informativa, y también crítica, sobre los asuntos de nuestra población.
Desde hace unos años, bastantes ya, la revista otorga unos premios anuales, "els Sets", al personaje, la entidad y la actividad más destacadas del año anterior. Este año, el Club Excursionista Esparreguera ha obtenido el Set a la mejor entidad del pasado 2008. Creo que lo merecíamos. Sin pretenderlo en ningún momento. Es que ni se me había pasado por la imaginación dicha posibilidad. Pero, ahora que nos lo han otorgado, encuentro justo y oportuno que así haya sido. Somos un grupo pequeño. Una gran familia, como solemos decir en el seno del club. Un puñado de gente enamorada de la montaña, que ha sabido encontrar año tras año diferentes formas de desarrollar nuestra común afición. Desde la alta montaña, con expediciones que han completado con éxito ascensiones como las del pico Lenin, de más de 7.000 metros de altitud, hasta las actividades de padres con niños, que generan salidas periódicas adaptadas para los más pequeños, en las que aprenden los valores de la comunión con nuestro entorno natural. Pero por lo que nuestro club ha obtenido mayor relevancia en estos últimos años ha sido por los distintos éxitos logrados en las competiciones de la Federación de Entidades Excursionistas de Catalunya, la FEEC. Desde el 2001, año en que comenzamos a participar activamente en el Copa Catalana de Marchas de Resistencia, nuestro club ha obtenido tres campeonatos y tres subcampeonatos por clubs, mientras que varios de nuestros socios han ido siendo galardonados, año tras año, como campeones individuales junto a otros deportistas de diferentes entidades que también han conseguido los puntos necesarios para clasificarse como tal. Asímismo, en este pasado 2008, por primera vez en nuestra corta historia, los jóvenes del club han conseguido alzarse con la victoria por equipos en el primer Campeonato de Catalunya de Carreras de Montaña, con un equipo formado por dos chicas y cuatro chicos de nuestra entidad. Finalmente, también en el 2008 hicimos realidad una vieja aspiración del club, al organizar por primera vez una marcha nuestra, abierta tanto a federados como a participantes en general, con una excelente participación y, lo que es más importante, con un elogio generalizado por parte de los caminadores. No en vano, nuestra experiencia como marchadores a lo largo de tantos años debía servirnos para procurar ofrecer un recorrido atractivo, un trato lo más esmerado posible y unos avituallamientos bien completos. Hace escasamente una semana, con ocasión de la fiesta mayor de este año, tenía lugar la segunda edición de nuestra marcha, que ha congregado a cerca de 450 participantes, los cuales han vuelto a darnos -como el año anterior- muestras de su satisfacción en cuanto a la organización de la misma. Por todo ello, por el orgullo con que hemos dado a conocer nuestro pequeño pueblo por toda Cataluña a través de las diferentes marchas y competiciones, por el interés que dedicamos constantemente en acercar el amor a la montaña a nuestros convecinos, y por hacer de Esparreguera un foco de atracción de tantos participantes foraneos en nuestra marcha, estoy convencido de la justicia de este premio que nos ha sido otorgado este año. Un premio de una revista de pueblo, algo que no trascenderá más allá de las fronteras de nuestra localidad, pero que nos enorgullece por el reconocimiento que su otorgamiento lleva implícito. 1/10/2009 Liquidando la NavidadHan sido días de fiesta alternados con días de trabajo constantemente. Cosas del calendario. Desde la Nochebuena del miércoles (¡qué lejana parece ya!) y los cuatro días consecutivos que representan, aquí en Cataluña, la unión de los días de Navidad y San Esteban con el fin de semana subsiguiente, hasta la festividad de Reyes del pasado martes, con el día de Año Nuevo en jueves y las múltiples opciones de puente que se han presentado en este tiempo. Incluso para los que no hemos disfrutado de esa posibilidad, la constante alternancia de laborables y festivos ha permitido sobrellevar de buen talante los días de trabajo. Hasta el presente fin de semana, en el que ya no quedan opciones futuras, ya no hay más días rojos marcados en el calendario hasta la lejana Semana Santa. Se terminó lo que se daba, ahora comienza realmente la famosa "cuesta de enero". De repente, esos días en negro del resto del més se nos plantean como lo que en realidad está siendo, para muchos, esta época.
Pero, por mucho que hablemos de ella, la crisis no va a solucionarse, y no era el tema de esta entrada, sino la Navidad y lo que representa, lo que ha representado este año para mi pequeña familia y para mí. Tradiciones renovadas, siempre repetidas pero que cada año tienen un sabor distinto. El árbol y el pesebre, símbolos de estas fechas, han mantenido su posición de privilegio en el comedor de nuestra casa. Desde que nacieron nuestras hijas, la Nochebuena ha sido el momento mágico en que los regalos aparecían al pié del árbol, dispuestos para la mañana siguiente, para que mis hijas se abalanzaran escaleras abajo con la ilusión de lo que les esperaba a sus pies. Ya hace algunos años que son mayores como para saber de dónde salen esos regalos, y podemos permitirnos negociar y decidir conjuntamente lo que han de encontrar al lado del árbol, pero no por eso dejan de preparar la noche anterior su pequeño presente, en forma de dulce, para el supuesto visitante nocturo que les traía esos regalos cuando eran pequeñas.
Estos días han sido también de reencuentro con los hermanos de mi pareja, haciendo bueno el anuncio de El Almendro, que nos han visitado desde sus respectivos países de acogida para pasar unos días en familia. Reuniones en casa de mi suegra, comidas especiales, no tanto por lo que había sobre la mesa como por quienes nos hallábamos a su alrededor, prologando la sobremesa hasta la hora de la cena, a base de juegos de mesa a los que estamos habituados desde hace tantos años, aún en vida de mi suegro. Hemos contado también con una celebración especial, al cumplirse el día de San Esteban los 50 años de casados de mis padres. ¡Y qué mejor forma de celebrarlo que reunirnos con ellos y mi hermana, como cada año hemos venido haciendo desde hace tantos! Mis padres han sido siempre personas de costumbres enraizadas, a quienes no les agradan las novedades y las sorpresas; puede que algo tenga -también- que ver en la consecución de ese aniversario tan especial...
Los amigos, pocos pero selectos, han tenido también su parte relevante estos días. Las novedades tan positivas, compartidas por teléfono con uno de ellos, que hacen que este principio de año sea realmente un Año Nuevo para él, me han llenado de alegría, casi tanto como saber que nos mantenemos unidos por esa amistad que ha crecido como crecen las cosas de verdad: casi sin enterarnos, sin esfuerzo, naturalmente. Y no parecía, cuando nos conocimos, que pudiera darse nunca una relación tal, de diferentes que somos tanto en nuestro carácter como en nuestra manera de entender y organizar nuestras respectivas vidas. Por otra parte, la cena organizada por otro amigo en su casa, como estreno "oficial" de la misma, nos deparó una noche más que agradable tanto a él como a toda mi familia. Casi sin darnos cuenta, se hizo de madrugada charlando entre los tres, mientras mis hijas hacían sus dibujos en la mesa del comedor. Mi amigo hace que las cosas parezcan siempre fáciles, naturales, sencillas. Y, además, agradables. ¿Qué más se puede pedir en cualquier relación?
La Nochevieja, con sus uvas en pijama al ritmo de las campanadas de La Primera, como manda nuestra particular tradición, y el rato compartido en el sofá-cama de la biblioteca ante el televisor, los cuatro juntos, esperando que el sueño nos venciera, y el día de Año Nuevo, ese día tan raro en el que no sabes aún ni dónde ni cómo estás, tuvieron de especial la intimidad con que fueron celebradas. Este año no hubo amigos en casa, ni música de fiesta, ni vestidos negros. Reunidos en familia, en la mayor de las tranquilidades. El viernes, día 2, y el lunes, día 5, han sido un puro trámite profesional, casi como los tres días que tenían que poner en marcha los ritmos habituales de escuela y trabajo.
Este fin de semana ya toca recoger el árbol. El pesebre aún se mantendrá unos días más: da pena recogerlo, con lo bonito que está, con las figuras de plastilina que las niñas han estado modelando en las dos últimas Navidades. Pero ahora ya no hay excusa. El lúnes comienza, de verdad, el año. Por eso, este fin de semana es especial, porque toca -pese a todo- liquidar la Navidad y enfrentarse a lo que nos espera. Pero nos queda el buen sabor de boca de lo vivido estos días...
1/5/2009 RecapitulandoTengo 49 años. El pelo, largo, canoso y rizado, una de las características físicas más peculiares de mi persona, enmarca una cara más bien alargada. Los ojos son de un marrón bastante común, pese a que se puede advertir una tonalidad verdosa según les dé el sol. Las cejas, relativamente pobladas, denotan el único gesto de coquetería destacable, que consiste en procurar mantenerlas libres de pelos blancos. La nariz, con un mínimo respingo irregular en la punta, limita naturalmente una barba más blanca que oscura, de longitud variable según el día, que cubre habitualmente mi rostro. Los labios, dicen, son carnosos, y ocultan unos dientes irregularmente dispuestos, de los que lo mejor que se puede decir es que, por el momento, están todos.
Mi cuerpo mantiene una digna y aparente similitud con lo que era hace más de 25 años. Digna porque, pese al tiempo transcurrido, éste parece haberme respetado en cuanto al aspecto exterior: persisten una característica delgadez, amenazada ocasionalmente por periodos de excesivo sedentarismo, y unas piernas vigorosas y bien formadas, que me permiten participar con resultados decentes en la que ha devenido mi mayor afición en los últimos diez años, las marchas de resistencia.
Aparente, por cuanto -pese a lo anterior- los años no pasan en balde y mi edad comienza a pasar factura en determinados aspectos: la vista y el oído ya denotan las primeras pérdidas, y los cólicos de riñón son puntuales y desagradables visitantes un par de veces al año. Por contra, no tengo ni idea de cómo se llama mi médico de cabecera en la Seguridad Social, y sigo pensando que lo que gasto cada mes en la mutua médica es una manera clara de tirar el dinero.
Mi vida ha sido, casi siempre, de una extrema y supuestamente aburrida normalidad. Tan sólo el periodo 2002-2006, cuyas últimas circunstancias se vieron parcial y veladamente reflejadas en este blog, representó un tiempo convulso en mi parcela más íntima, durante el que perdí algunas cosas y gané otras tantas, en un balance final del que me siento feliz.
En cuanto a lo profesional, que los mayores cambios registrados en los últimos 27 años sean mi reciente traslado a una oficina distante diez kilómetros de mi domicilio y la consecuente pérdida de mi posición como subdirector de la anterior, no sólo no ha representado algo traumático sino que me ha permitido liberarme de un largo periodo de creciente presión laboral.
Mi día a día actual está íntimamente vinculado a mi familia, a mi pareja de hace casi 25 años y a mis dos hijas, a punto de cumplir 14 y 12 años respectivamente. A la pequeñas y cotidianas novedades de su crecimiento, y al normal cuidado de nuestro hogar dedico la mayor parte del resto de mi tiempo. Dicho así, con tan bellas palabras, parecería el padre perfecto y el hombre que toda mujer desearía tener a su lado en casa. Y no hay que pasarse: ese día a día, como el de tanta otra gente, se me llena de incoherencias e imperfecciones.
Por lo que hace a mi faceta social, esta se ha visto siempre lastrada por la ausencia de amistades. Nunca he sido bueno para ello y, pese a los avances obtenidos en los últimos años gacias a mis dos aficiones, internet y el senderismo, que me han permitido conocer y relacionarme con bastantes personas, son bien pocas las que puedo considerar como verdaderas amistades. Pero eso ya es mucho más de lo que tenía hace diez años, por lo que me siento enormemente afortunado por ello.
Bartok, mi alter-ego en este espacio, es en gran parte responsable de esta nueva situación en lo social. Hasta tal punto me siento "agradecido" que, cuando cumplí los 25 años en la empresa, pedí que grabaran ese nick en lugar de mi nombre y apellidos al dorso del reloj que regalaron a cada uno de los empleados homenajeados. A Bartok le tengo también un especial cariño porque fue testigo directo de aquel periodo complejo y trascendente durante el que cobró vida.
Las inquietudes de otrora, esas incertidumbres y aquellas sensaciones profundas y exacerbadas, acabaron dando paso a una época más calma, de recolocación interior y de reconocimiento de lo exterior, que me llevaron a otro feudo social, Netlog, y a la creación de un segundo nick, aquietman, como paso previo a la recuperación total de mi identidad, con mis nombre y apellido verdaderos, en el tan afamado Facebook.
Todo ello, sin dejar de ser lo que siempre he sido, simplemente un hombre. Alguien que necesitó un día un medio para expresar sus sentimientos desde el anonimato y la privacidad de este medio, y que tuvo la fortuna de ir encontrando en él a personas de verdad, gente de carne y hueso, con sus propios y diferenciados problemas y sus personales y similares emociones.
Por eso, y por ellos, pese a compartir con muchos algunos de los otros dos mundos virtuales, y con unos pocos algo de nuestros respectivos mundos reales, me resistía a dejar morir este espacio por no tener ya grandes cosas que reflejar en él. He necesitado un periodo de silencio, una temporal lejanía, para darme cuenta de que, en el fondo, y a lo mejor, tan importantes van a ser las pequeñas historias de cada día como las trascedentes narraciones de antaño. Porque, como bien escribí en su momento, lo importante sigue siendo "disfrutar, aprender y compartir".
Sobre todo, compartir...
9/21/2008 Matagalls-MontserratMatagalls - sábado, 18:06
9/6/2008 Bones & stonesHuesos y piedras. Y arenas. Y troncos, plantas, flores y restos vegetales. La primera bronca que tuvimos con mi pareja fue en nuestro viaje de novios, a causa de unas piedras que encontro en una playa de Asturias. ¿Pero dónde vas con eso?, le pregunté entre extrañado e irritado. Evidentemente, aquellas piedras acabaron en el coche, y aún rondan por casa, junto a otros recuerdos similares de otros puntos de nuestra geografía.
En una de las ocasiones en que estuvimos visitando, durante las diferentes estaciones del año, un pueblo abandonado de la comarca del Pallars Jussà llamado Montsor, para uno de sus trabajos universitarios, acampamos con las niñas en unos terrenos cercanos. Al día siguiente, paseando por los alrededores, encontramos restos del esqueleto de una vaca. Sólo faltó que las niñas apoyaran a su madre, y aquellos huesos (por suerte, no todos) dejaron su supuesta última morada para venirse a vivir con nosotros. Eso sí, no vinieron solos. Nuestra terraza está decorada con diversas rocas -¿has visto qué bonitas son?- que abandonaron la soledad de aquel pueblo de forma involuntaria. Incluso yo mismo he acabado participando de su particular hobby. En mi reciente viaje a la isla de Gran Canaria, los únicos recuerdos que le traje de mi estancia allí fueron diversas piedras que fui encontrando durante las excursiones que hicimos con Marta y Carol. Incluso tuvieron que parar el coche al borde de una carretera, para permitirme llenar una botella de agua de litro y medio de pequeñas piedras volcánicas que se amontonaban en una pedrera al margen. Otras parejas, las únicas piedras en las que están interesadas son las preciosas. Para la mía, las más preciadas son aquellas que le suponen un recuerdo presente de nuestras estancias en diversos lugares. En estas recientes vacaciones, pasadas en Menorca, se ha dedicado a coleccionar botellines de medio litro rellenos de arenas de diferentes colores que íbamos encontrando en las playas que visitamos a lo largo de esos días. Y, lo peor de todo, es que he acabado compartiendo en gran medida su afición por este tipo de recuerdos... 9/4/2008 FracasadoSiento que he fracasado. Que el rumbo que he marcado para mi vida, que los esfuerzos que he hecho durante todos estos años para mantenerlo, no han servido sino para llevarme a un páramo desolador, en el que no hay nada en el horizonte que me sirva de guía, de norte y de consuelo. Ando por andar, por no estarme parado, porque es lo único que he sabido hacer a lo largo de todos estos años.
Soy subjetivo. A propósito. A propósito, olvido multitud de recuerdos positivos que también han plagado este tiempo. Y lo hago, porque se mezclan dolorosamente con otras circunstancias de mi vida, en las que siento que no supe estar a su altura. De ahí el fracaso.
Tenía planes para mi vida. No eran unos grandes planes, eran las normales expectativas de cualquier adulto cuando abandona el entorno familiar para vivir por sí mismo. Tenía a mi lado la persona con la que quería vivirla. Tenía una envidiable estabilidad laboral. Tenía ilusión, fuerza. Pero me faltaba la capacidad de adaptación necesaria para saber cómo moldearme a las variaciones que trae implícitas la vida. Sobre todo, la vida en común. Miedo. Por mucho que lo quiera disimular con eufemismos. Un miedo atroz a vivir, a vivir de verdad. Y me empeñaba en ser yo el que moldease la vida, y la de quienes me rodeaban, a mis necesidades de supervivencia.
Naturalmente, tarde o temprano aquello tenía que estallar. Y estalló. Como una voladora controlada, finalmente no hubo víctimas mortales. Tan sólo daños colaterales, de los que todavía me vengo (nos venimos) reponiendo. Y recomponiendo. El miedo sigue. Un miedo impreciso a los cambios, a cualquier cosa que no pueda controlar o no conozca. Puedo ¿vivir? el resto de mi tiempo de esta manera, consciente de que no resulta una vida plena.
Lo único que parece hacerme mover es un miedo mayor. Y me avergüenzo de ello. Porque me gustaría ser capaz de cambiar esta manera de actuar. Pero me falta también claridad de ideas. Saber de verdad lo que quiero, y por qué lo quiero. Y ser consecuente con ello, ir a por ello consciente de lo que pueda representar y preparado para ello, porque tenga la completa seguridad de que es lo mejor que puedo hacer con mi vida. Pero... el conformismo, las circunstancias, la supuesta seguridad de lo conocido son un lastre fundamental para ello.
No puedo, ni quiero, finalizar este texto con infundadas expectativas de cambio. Lo que hay es lo que hay. Y, si en algo puede modificarse a mejor mi planteamiento de vida, estoy convencido que sólo puede ser fruto de alguna futura explosión, que vuelva a dejarme desnudo y aparentemente desamparado. El sufrimiento te hace fuerte, dicen. Y puede que, en determinadas circunstancias, sea verdad. Pero, a poco que se pueda, muchos como yo preferiremos evitarlo...
(Esta entrada ha dormido durante largos días en forma de borrador, incompleta, hasta que hoy me he decidido a completarla. Corresponde a un momento anterior especialmente negativo y, aunque el tono y el sentido inicial puedan haber variado levemente, he procurado respetar el sentido más profundo de las ideas que quise expresar entonces. Porque, aunque hoy pueda no sentirme tan cercano a ellas, siguen estando intactas en mi interior.)
8/14/2008 Cerrado por vacacionesBajo persianas y cuelgo el cartel de "cerrado por vacaciones" en este espacio. Hace tiempo que no escribo nada, y cada vez son menos las personas que se acercan al blog con la intención de comentar. Y no porque no hayan estado pasado cosas. Más bien al contrario. Quizás suceden a una velocidad excesiva para el tiempo del que dispongo, y no he tenido ni la oportunidad ni la tranquilidad necesarias para sentarme a escribir. O, quizás, no he sentido la necesidad de hacerlo.
Hace tiempo que Bartok y yo estamos cada vez más confundidos (vivan los dobles sentidos). La finalidad con la que surgió el blog parece resuelta, y parece necesario encontrar una nueva vía de expresión, argumentos distintos que justifiquen la permanencia de este espacio. Y no tiene tanto a ver con el número de visitas ni con los comentarios que reciba o deje de recibir. Hace tiempo que estos aspectos me son irrelevantes; el trabajo está hecho, y la cosecha ha sido la que tenía que ser. Hablo de mí, de la necesidad (supuesta) de seguir escribiendo, de seguir expresándome.
Si esa necesidad no se manifiesta, quién sabe si -a la vuelta de vacaciones- sucede con este espacio como con más de una empresa, en la que los trabajadores descubran sorprendidos que la persiana que se cerró un día provisionalmente ha quedado permanente y definitivamente cerrada. Por si las moscas, me despido aquí y ahora de quienes quieran leer estas palabras. Los que estais, seguireis estando, aunque no sea a través de este blog: ya sabemos la manera, ¿verdad? Y los que no, pero sintais que vale la pena seguir manteniendo el contacto, seguro que la hallareis. Al resto, mucho gusto en haberos conocido, y hasta siempre.
Who knows...
7/22/2008 SudokusMe gusta resolver sudokus. Me he aficionado a ellos en un momento de mi vida en el que necesitaba una actividad como esta. Un reto relativo, adecuado a mis actuales condiciones, que me concentra en él y me permite abstraerme durante un tiempo de todo lo que me rodea, siendo que no me absorbe hasta el punto de generar dependencia. Puedo dejarlo en cualquier momento, a medio resolver, en la seguridad de que podré retomarlo cuando sea sin que pierda nada de su atractivo. Un sudoku es una actividad condenada a ser resuelta, independientemente de su grado de dificultad. Conforme vas adquiriendo práctica en su desarrollo, puedes ir enfrentándote a niveles más exigentes. Como todo, exige un tiempo de aprendizaje y un cierto interés en ello. Pero cuando ya dispones de la experiencia suficiente, disfrutas cada vez que vislumbras el final de cada panel, incluso antes de haberlo finalizado.
6/27/2008 El presenteTenemos que retomar el tema de la experiencia, que es la capacidad de vivir intensamente lo que pasa en el presente, y no sólo en el sentido banal de la felicidad, de la alegría. ¿Debemos vivir también con intensidad el dolor presente? Sí, para mí, felicidad es un concepto que incluye en sí mismo la capacidad de hacer experiencia extensiva de todo, incluso del dolor. No es verdaderamente feliz una persona que no tiene la capacidad de elaborar el dolor. La experiencia del dolor es condición de la experiencia misma de la felicidad.
No es eso lo que nos venden los sonrientes rostros de la televisión.
El mensaje multimedia es una falsedad, todos están contentos. Es una obsesión y una desviación horrorosa, porque la verdadera felicidad es la capacidad de vivir intensamente la vida, y esa es la terrible incapacidad de todos los que vivimos atrapados en el mundo de la prisa. El resultado es la indiferencia hacia todo lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, en el presente, porque el futuro lo es todo.
Hemos cambiado el futuro por el paraíso.
Sí, y la verdad es que el futuro no existe, nosotros existimos. El futuro depende de nuestra acción, de la interacción con las condiciones. En la historia, siempre existe la experiencia de la bifurcación.
Es usted denso.
Me refiero a la posibilidad de tomar una decisión u otra. Nuestra propia identidad es el producto de una serie de coyunturas y decisiones. Y tienen mucha importancia los encuentros: si yo en lugar de encontrar a mi mujer hubiera encontrado a otra, mi identidad sería otra.
El pasado ya pasó.
Sí, pero tenía otras posibilidades, la comprensión de esta multiplicidad de posibilidades es una condición para pensar nuestro presente. En el pasado, como en el presente, no hay una lógica lineal, sino múltiple.
¿Y de qué nos sirve saber esto?
Nos da la posibilidad de determinar de una manera más precisa cualquier decisión. Lo que yo propongo es una ética del límite en contra de la ética de la desmesura, del progreso infinito. Debemos transformar nuestro presente en un presente de oportunidades. Sólo se puede tomar una decisión si hay una pluralidad de opciones determinadas y no infinitas.
(Extracto de la entrevista mantenida por Ima Sanchís con Giacomo Marramao, para La contra, en La Vanguardia del 23/06/2008)
6/20/2008 JunioAntesala de las vacaciones escolares, puerta de los meses de verano y calor (al menos, en esta parte del mundo), junio es en realidad el periodo de lo que se termina, de la incertidumbre de lo que vendrá, de un sentimiento de vacío difícil de explicar, porque recoge las ganas del final de las obligaciones y lo contrasta con la ausencia de proyectos inmediatos. Todo queda aún lejos: agosto, y el éxodo de medio país hacia sus lugares de veraneo; septiembre, y la vuelta (para entonces, ya deseada) a las viejas rutinas con nuevas expectativas.
Cambian los ritmos, con el alargarse de los días y la brisa aún fresca del atardecer prolongado, horas que invitan al paseo, a dejarlas pasar sin prisas, sin la obligación de estar pendientes del reloj, maldito reloj, porque las niñas han de levantarse temprano al día siguiente para ir a escuela. Cambian los usos, porque ellas tienen la libertad que a nosotros aún nos falta. Y, por suerte, ya no necesitan canguros, ya no les/nos hacen falta los abuelos para que cuiden de ellas, y sus mañanas se convierten en un festival orgiástico de ausencia de responsabilidades, a la espera de nuestro regreso de las respectivas obligaciones aún cotidianas.
Junio es, definitivamente, un mes raro. El mejor, si se puede escoger, para huir de todo y perderse en cualquier remanso boscoso, dejándose acariciar por la frescura de la sombra de sus árboles, disfrutando de la ausencia de tiempo marcado, huyendo (sí, huyendo) del frenesí absurdo de las vecinas verbenas petarderas y sus excesos de adolescentes sin edad, para regresar -ya renovado- cuando el verano ya es cierto, cuando el sol comienza a arder y el resto del mundo comienza a ceder al nuevo ritmo de los días acalorados, de las tardes de siesta y de la ya definitiva falta de urgencias, aparcadas hasta el final de la canícula.
Aún no he podido llegar a saber si junio me gusta o no...
6/17/2008 Tres añosTres años, hoy. Doscientas diez entradas, con esta. Mil ciento setenta y cinco comentarios, en este tiempo. Veinte mil sesenta y seis visitas, hasta este mismo instante. Pero eso no es importante. Cuarenta y cinco contactos en mi messenger: en este tiempo, muchos entraron y bastantes salieron. Pero eso sigue sin ser lo importante.
Lo que realmente valoro de estos tres años de vida de Bartok es ese pequeño, pero valiosísimo, puñado de personas con las que se ha establecido en este tiempo un vínculo verdadero, una relación durarera, una amistad cierta. No ha sido ningún esfuerzo llegar hasta aquí, porque el resultado ha valido completamente la pena.
Muchas vivencias en el camino: un viaje a Chile, otro a Canarias. Contacto directo, abrazos y sonrisas vividas y compartidas con unas pocas de esas personas a lo largo de estos tres años. Y más que vendrán. Experiencias íntimas, guardadas en el recuerdo aunque expuestas en su momento; vivencias azarosas, buenos y malos tiempos; la vida de un hombre, simplemente un hombre, que mantiene aún cada día la ilusión por aprender, disfrutar y compartir.
Gracias por estar ahí...
6/2/2008 Kit katAún conservo en mi retina multitud de imágenes de los paisajes recorridos en este largo fin de semana pasado en Las Palmas. Pero lo que se mantendrá por tiempo en mi corazón es el cariño recibido, en estos tres días, de dos personas especiales que me acogieron en su casa y dedicaron todo su tiempo a hacer mi estancia en la isla tan agradable como fuera posible. Y lo ha sido en abundancia. Con ellas, y gracias a ellas, he podido conocer una buena parte del territorio que les vió nacer; me han hecho vivir la experiencia de su tierra, participar de sus costumbres, apreciar sus paisajes, abruptos a veces, a veces insospechados vergeles.
Lo mejor, con todo, no estaba fuera. Lo mejor ha sido la convivencia. Cada una de las dos, a su manera. Pero las dos con el único objetivo de hacer que disfrutara de mi estancia entre ellas. Abrieron su casa, compartieron todo lo que tenían y me han ofrecido tanto cariño como es posible recibir sin harturas. Hemos hablado, hemos reído, hemos pasado tiempos de silencio en el vehículo que nos llevaba de una punta a otra de la isla. Y, al despedirme esta madrugada de ellas, he tenido que hacer esfuerzos por evitar que las lágrimas saltaran de mis ojos por la emoción del momento. "Eres especial", le dije a Caro, y no sé si ella es consciente de hasta qué punto lo es. "T'estimo", se despedía Marta, mientras un beso volaba desde mi mano abierta hacia ellas a las puertas del aeropuerto.
Unas horas antes, además, había tenido la oportunidad de conocer y departir con su gran familia. Grande en calidad humana, que no en cantidad. Pepi, la madre que, en cierta medida, todos desearíamos tener. En el fondo, sabía ya cómo era ella, nada más de visitarla en su espacio y leer su forma de expresarse. Lo único que hizo fue ratificar mi impresión al respecto de ella, mejorándolo desde su sabiduría repleta de vivencias pasadas y presentes. Con ella, la fugaz presencia de su hijo y el sorpresivo encuentro con "los gemelos", dos encantadoras personas que han dejado un más que agradable recuerdo en el corto tiempo que compartimos en el piso de Pepi, entre escenas en ocasiones dignas de las mejores películas de los hermanos Marx.
Y, más tarde, allí estaban Patri y su "pequeña" familia, cinco entrañables personajes que calaron también hondo en el transcurso del reposado paseo por el centro de la capital. Las tres hijas del matrimonio, cada una con su peculiar forma de ser, cada una de ellas con una forma diferente de mirar: la vitalidad de la pequeña Natalia; la profundidad de Verónica, la mediana; la claridad de Noelia, la mayor. El fruto de un trabajo muy bien hecho, de unos padres con los pies en el suelo y la mirada puesta constantemente en sus hijas. Mis felicitaciones más sinceras a los dos.
Mañana vuelvo a la vida cotidiana. Aún ahora oscilo entre la agradable realidad familiar y todas las experiencias vividas en estos tres días. Ha sido el mejor respiro, un auténtico Kit kat con sabor a bollitos y a chorizo de Teror... una mezcla improbable en el gusto pero imborrable en el recuerdo.
Jo també t'estimo, Marta. Gracias a las dos por vuestro cariño.
5/28/2008 La montaña sigue sin perdonarVuelvo a estar roto, lleno de rabia y de pesar. Hoy me llegaba la noticia del accidente de un compañero durante la celebración, el pasado domingo, de la Travessa del Montseny. Llovía a mares, me han explicado quienes estuvieron allí, y el terreno estaba complicado. Subiendo hacia Agudes, Toni, un compañero de la UecAnoia, tuvo un traspiés y cayó barranco abajo 30 metros. Sin opción. A partir de ahí, la información mediática puso en relieve, por primera vez en 33 años, la existencia de la prueba, para dar debida cuenta del fatal accidente.
Conozco bien la Travessa. No en vano, he participado en ella en seis ediciones desde el 2001. Y sé que el camino hacia Agudes, sea cual sea la opción escogida, tanto remontando els Castellets como por el camino "fácil", no está exento de riesgo. Un riesgo que los habituales montañeros de la zona, que cada fin de semana se citan allí para ascender debidamente equipados y pertrechados según sean las condiciones meteorológicas, saben cómo controlar. Pero los que acudimos, semana tras semana, por el gusto de caminar por montaña, a cada una de las diferentes pruebas del campeonato, solemos participar con un equipamiento estándar, en función del objetivo que cada uno se marca y de su propia experiencia.
No somos ningunos locos. El compañero fallecido era lo suficientemente veterano, a sus 59 años, para saber dónde se metía. Tampoco la organización se lo impidió, ni a él ni a ninguno de los participantes que continuaron camino de les Agudes desde el control de Sant Marçal. Otros muchos, me han contado, decidieron abandonar allí o, incluso, antes de la ascensión a Matagalls. Como acostumbramos a decir, a la montaña se va a disfrutar. Y si no estás bien, o las circunstancias no son las mejores, ya habrá otras marchas en las que participar. Pero la asunción del riesgo es algo absolutamente personal, y todos llevamos dentro ese inadecuado sentido de la confianza que nos hace pensar que no nos ha de pasar nunca nada. Hasta que pasa.
Ocurrió en les Agudes. Como podría haber sucedido en cualquier otro sitio. Y le pasó al Toni. Como podría haberme sucedido a mí mismo en incontables situaciones. Un mal paso, un traspiés cualquiera, un segundo de despiste, un error de cálculo, y nos vamos montaña abajo. Pero pasó allí, en les Agudes. Recuerdo mi primera participación en la Travessa, en el 2001, siguiendo la estela de los marchadores que llevaba por delante, sin tener idea de por dónde me estaba metiendo. Ya había superado algunos pasos aéreos previos, cuando llegué al punto en que el camino se desdobla y me encontré subiendo los Castellets sin saber lo que estaba haciendo. Usando manos y pies, pude superar aquel territorio para jurarme a mí mismo que nunca más volvería a pasar por allí en futuras ediciones.
Pero es que la alternativa no es mucho mejor. Al año siguiente, con la experiencia de lo sucedido en la anterior edición, una vez llegado al cruce conflictivo, decidí probar la otra opción, menos aérea pero mucho más larga. Total, para encontrarme -como tantos otros compañeros han experimentado- con el famoso paso de la cadena y los dos puntos tan aéreos, casi al final del tramo. Es evidente, cuanto más riesgo percibes, más empeño pones en tu propia seguridad y en la de los que te rodean. Pero no dejaba de pensar que en cualquiera de esos puntos algún día podía suceder una desgracia.
Al final, ha sucedido. Toni, tu ausencia nos pesará siempre. Imagino a tus compañeros de club, con los que hemos compartido tantas marchas y tanta rivalidad amical, destrozados con tu pérdida. Imagino a tu familia, una familia como la de cualquiera de nosotros, habituada hasta el domingo a nuestras salidas a montaña y a vernos volver de nuestras pequeñas locuras, después de noches sin dormir o de días de lluvia, como el de ayer. La nuestra es una gran familia, unida por los lazos invisibles de nuestra común afición. Y cuando una familia pierde a uno de sus miembros, todos lloramos su pérdida.
Descansa en paz, Toni...
5/26/2008 Un respiroNecesito un respiro. Los últimos tiempos están siendo un "tour de force" profesional, con los cambios acontecidos en la oficina. Ya llevamos un mes así, y no consigo ponerme al día de mis obligaciones. Además, la situación económica en general está provocando que una parte importante de mi tiempo y de mi esfuerzo se pierda en la compleja tarea de atender y controlar las situaciones de riesgo que se producen cada mes. En las últimas dos semanas he tenido que dedicar tardes a mi trabajo, cosa a lo que ya no estaba acostumbrado desde hacía años. Sé, lo he dicho siempre, que soy un asalariado afortunado en relación a otros muchos trabajadores que mantienen horarios más prolongados que el mío o que, simplemente, lo tienen partido. Pero el nivel de presión de mi puesto de trabajo, las exigencias y obligaciones que me (que nos) llegan diariamente, tanto de arriba como de abajo, tanto de mis jefes como de mis clientes, son cada vez mayores.
Necesito un respiro. Estoy perdiendo el humor, estoy perdiendo la ecuanimidad, estoy -incluso- comenzando a perder los papeles. Y lo peor de todo es que lo veo como un camino sin salida, como una dirección única para la que no hay retorno, porque todo lo que estamos viviendo ahora nos lleva irremediablemente a un tipo de atención que no es la que solía ser. Y comienzo a ver que, en todos estos años, no sólo no soy respetado por mis clientes sino que me siento literalmente utilizado. Tanto por unos como por otros. Y me dan ganas de abandonar, de dejar perder mi posición de tantos años para huir hacia cualquier otro destino en el que no me conozca nadie, en el que sea un simple empleado más y pueda desarrollar el trabajo que se supone que tengo que hacer sin el condicionante de ser tan conocido.
Necesito un respiro. Hasta tal punto que soy incapaz, a cuatro días de mi marcha, de entusiasmarme por el inminente plan de un fin de semana largo en Las Palmas y la estancia allí junto a unas amigas de este mundo nuestro de internet. Y sé que, en cuanto esté montado en el avión, podré dejarme llevar finalmente de la ilusión del encuentro y la expectativa de esos días. Por mucho que sea consciente (que lo seré) de que, a mi vuelta, las cosas en la oficina estarán igual o peor que como las deje el jueves próximo. Pero, pese a eso, quiero disfrutar al máximo de este viaje. Lo necesito.
Necesito un respiro. Necesito poder volver a dormir por las noches sin desvelarme por las circunstancias del trabajo. Yo, que siempre había alardeado de ser capaz de dejarme en la oficina la cabeza de trabajar, en estas últimas semanas doy vueltas en la cama al ritmo de todo lo que me revuelve la mente en relación a la oficina. Tú lo que necesitas es una terapia de choque, me dijo la otra noche mi pareja. Y hasta tal punto se aplicó en la terapia, que aquella noche dormí como un infante. Que yo, por mí, repetiría de esa terapia todas las noches, pero estas cosas mejor tenerlas por placer que por necesidad. Quiero volverme a dormir tranquilamente por las noches, con polvo o sin él, sabiendo que el sueño reparador ha de servirme de algo, y que no me voy a despertar por las mañanas deseando que nunca más se haga de día por no tener que volver a mi trabajo.
Necesito un respiro...
5/17/2008 Nuestras vidasNuestras vidas se van tejiendo entre la trama del azar y la urdimbre de nuestras decisiones, con hilos de experiencia...
5/12/2008 Es lo que pasa...Cuanto más control, menos orden... cuanto más orden, menos control
Es lo que pasa.
5/9/2008 Días y floresSi hay días que vuelvo cansado,
sucio de tiempo,
sin para amor,
es que regreso del mundo,
no del bosque, no del sol.
En esos días,
compañera. ponte alma nueva
para mi más bella flor.
El próximo lunes serán 23 años. Te quiero.
4/18/2008 ¡Manifiéstate!Un mensaje para el/la visitante silencioso/a que está repasando mi blog durante estos días:
¡Manifiéstate!
4/12/2008 LlueveLlueve. Esta tarde, de repente, ha comenzado a llover, y aún cae agua del cielo. Suavemente. Sin crispación. Como si fuera la cosa más natural del mundo. Después de tantos días, después de los ríos de tinta vertidos, después de tantas palabras desperdiciadas, después de tantos conflictos aún pendientes, ha vuelto a llover. ¡Y si tan sólo sirviera para sentirnos un poco más humildes, para vernos algo menos importantes, para hacernos más responsables!
En estos últimos años, no dejan de alzarse voces concienciadoras del papel del ser humano en el equilibrio de la naturaleza: el efecto invernadero, la pertinaz sequía, la disminución de los glaciares, el agujero de la capa de ozono... son consecuencias, nos dicen, de la acción perniciosa del hombre contra su entorno. Y es innegable que nuestra sociedad tiene una buena parte de responsabilidad en los acontecimientos que vienen sucediéndose en este entorno. La sobreexplotación de los recursos naturales, el descontrol en la emisión de gases industriales, la masificación de las conurbanidades, la falta de concienciación ecológica, son algunas de las muestras del efecto negativo que ejercemos sobre el planeta. Y de todas esas circunstancias hemos, naturalmente, de ser conscientes y actuar en consecuencia para defender nuestra pervivencia, la del resto de las especies y la de las generaciones venideras.
Pero corremos el riesgo de siempre: el de creernos el centro de la creación, el de considerar que nuestro dominio sobre el entorno es incontestable y definitivo, cuando en realidad seguimos siendo una más de esas especies que pueblan el planeta, sujetas como todas a las variaciones climáticas que -durante miríadas de años- se han venido sucediendo sobre la faz de la tierra. Las eras glaciares han sucedido a otras de sequía; los continentes -dicen los científicos- van a la deriva; la actividad sísmica y volcánica aún sorprende y destruye poblaciones enteras; cualquier ínfima modificación en el delicado equilibrio de las órbitas planetarias podría ocasionar el colapso de la vida en la Tierra tal y como la conocemos... hasta que el final del universo, sea como sea que se presente, apague para siempre la luz de este inmenso escenario.
Ojalá y esta lluvia nos traiga también conciencia de nuestra real dimensión y responsabilidad en este mundo.
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